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Aunque no existen evidencias suficientes aún para alegar científicamente una capacidad de los animales para anticipar la ocurrencia de terremotos, sí se han realizado algunos pocos estudios, no reproducidos, al respecto. En general, la información existente se trata o bien de relatos anecdóticos observados posteriormente a los eventos sísmicos o en ciertos casos aislados de estudios de comportamiento pero realizados después del sismo y que desconsideran toda una serie de variables que pueden ser importantes dentro del comportamiento de la especie monitoreada. El estudio de Grant & Halliday (2010), monitorea el comportamiento de una especie de ranas comunes Bufo bufo antes, durante y después de un evento sísmico de magnitud M=6,3 e incluye el análisis del comportamiento en paralelo con factores como estado del tiempo (temperaturas, precipitación, etc.), perturbaciones ionosféricas, niveles de humedad y actividad eléctrica y anomalías geomagnéticas. Los resultados obtenidos en el estudio soportan la hipótesis según la cual las ranas comunes Bufo bufo son capaces de anticipar eventos sísmico grandes y ajustar su comportamiento acorde. Los autores del artículo observaron que las ranas estudiadas, a pesar haber iniciado su periodo reproductivo (el cual según estudios anteriores es un ciclo lunar), dejaron de reproducirse 6 días previos al evento principal y retomaron la reproducción 6 días después de este, además, no se observaron huevos frescos durante el tiempo del evento. Los autores alegan que este comportamiento inusual de las ranas no fue debido a las demás variables analizadas tales que la humedad, precipitación, temperatura o eventos climáticos como ciclones o tormentas (no hubo eventos de este tipo durante el tiempo el estudio).

También, mencionan que en los casos de otros estudios realizados con otras especies se encontró que el comportamiento inusual podía estar relacionado con el arribo de las ondas P (primer tren de ondas que arriba en un evento sísmico), es decir que estos animales al contrario de los humanos (excepto muy ocasionalmente) fueran sensibles al arribo de ondas P, este no era el caso pues el comportamiento había iniciado alrededor de 6 días antes y terminado 6 días después, cuando el arribo de ondas P es apenas unos segundos o minutos antes del arribo de las ondas S, percibidas claramente por el humano. Los autores concluyen entonces que el comportamiento de las ranas podría ser debido a su alta sensibilidad a la química del agua, en este caso a un incremento a raíz del evento sísmico del contenido de gas radón en el agua o bien a las variaciones geomagnéticas posiblemente generadas anteriormente al evento sísmico. Sin embargo, los autores también aclaran que este es un estudio aislado y que no es suficiente por sí sólo y sin haberse reproducido el experimento para alegar por completo y científicamente una capacidad de anticipación de eventos sísmicos en estas ranas.

Estudios realizados en otras especies animales como hormigas y aves son contradictorios. En efecto, en las hormigas no se ha encontrado ninguna reacción de anticipación a los eventos sísmicos y en las aves o se ha encontrado más que quizás una reacción al arribo de las ondas P, pero este comportamiento no es anticipatorio ni predictivo del evento. Los primates por su lado, tampoco demuestran ningún comportamiento pre-evento documentado claramente y aunque parecieran según estudios que los ritmos circadianos de los ratones se veían interrumpidos previo a eventos sísmicos, otras variables consideradas en el estudio de ratones contradecían la hipótesis de una capacidad de anticipación. Por otra parte, es difícil asociar totalmente los comportamientos inhabituales en los animales a eventos sísmicos porque estos suelen presentar comportamientos similares o idénticos frente a otros eventos atmosféricos, climatológicos u otros.

Es importante comprender que aunque algunos estudios como el de Grant & Halliday (2010) muestran una posible existencia de comportamiento anticipatorio a eventos sísmicos, se tratan de estudios aislados, no repetidos y difíciles de repetir a causa de la difícil reproducibilidad de las condiciones de realización del experimento (tiempo atmosférico, clima, etc) así como y especialmente por la naturaleza aleatoria de los eventos sísmicos. Esto significa que estos estudios, aunque muy interesantes, no son de tomar por verdad completa sin numerosas verificaciones suplementarias y/o crítica y hasta hoy permanecen como hipótesis.

Referencias:

GRANT, R.A. & HALLIDAY, T., 2010: Predicting the unpredictable; evidence of pre-seismic

anticipatory behaviour in the common toad.- Journal of Zoology, Vol.281 (4): 1–9. 

Imagen: Sapo común Bufo bufo, crédito fotográfico Phillip Precey, recuperada de http://www.wildaboutgardens.org.uk/wildlife/amphibians/toad-common.aspx [12/05/2015, 15:50 CST]